El propósito de este relato es solamente narrativo y creativo, y NO pretende otro fin más que el de entretener. Algunas escenas pueden contener elementos que resulten inquietantes o emotivamente intensos para ciertos lectores, se recomienda discreción.
Yumma
A lo largo de los años siempre ha habido relatos de animales extraños. Especialmente en selvas, sierras o montes; cualquier zona alejado de las grandes ciudades. Cuando se vive en esos sitios, en pueblitos donde la mayoría de las personas se van a dormir cuando se hace de noche y las estrellas brillan orgullosas en el cielo contrario a las ciudades donde apenas se distinguen, es más fácil creer que puedan existir toda cantidad de seres extraños, sean paranormales o naturales. Y no es por ignorancia ni ingenuidad, al contrario, se es más consciente de la grandeza y existencia de misterios en la naturaleza. Pensamientos de campesino, supongo.
Desde chicos se nos enseña el respeto y cuidado a los animales, a tenerles prudencia, respeto y guardar una distancia segura. Por eso, cuando me tocaba acompañar a mis padres a traer leña al monte, ponía especial atención por si veía cualquier cosa que saliera de lo normal. Siempre hay bichos rastreros, arañas, serpientes y otros animales listos para atacar cuando se sienten amenazados. Precisamente había rumores de ciertos animales que circulaban cada tanto, sobre todo al inicio de la primavera cuando están más activos los osos y la temporada de reproducción comienza en la mayoría de las especies. En esas semanas están más bravos de lo usual así que hay que estar ojo avizor.
Cuando tenía unos doce años mi padre me contó la siguiente historia. Hoy que estoy viejo y tengo varios años que no voy al monte me gustaría contarla para que no caiga en el olvido.
Es la historia de la Yumma.
Esta gigantesca serpiente vivía en la Matanza, una zona del monte en la que la mayoría de la gente del pueblo iban a conseguir leña seca para calentar la casa, cocinar o, en nuestro caso, calentar agua para bañarnos pues nuestro boiler era de leña.
Además de la leña, también se traían grandes piedras para la construcción, pero a cantidades muy pequeñas. Especialmente geodas, esas piedras redondas que al partirlas a la mitad encuentras cristales transparentes o de colores tenues que se ven preciosas cuando reflejan la luz.
También a la Matanza "subían" cazadores ocasionales, casi siempre iban por los cerdos salvajes, venados osos o incluso pumas que acá les llaman leones de montaña.
Otros pocos iban por semillas que caían de árboles, como piñones, manzanillas o madroños. En resumen, la gente conocía el monte y casi todos los animales que vivían allí.
Precisamente por eso era extraño que alguien contara sobre un animal desconocido, la gente no busca llamar la atención y esparcir esos rumores es una irresponsabilidad ¿para qué asustarías o pondrías en alerta a las personas solo por diversión? La gente de la sierra no suele ser así.
Algunas personas que se metían muy adentro de la Matanza decían que encontraban rastros de grandes trozos de piel mudada. Las serpientes y víboras mudan de piel conforme van creciendo, se les cae la vieja para que la nueva los cubra durante un año más, ellas se restriegan en ramitas o piedras para ayudarse a arrancarse la piel vieja. Así se sabe más o menos el tamaño de las serpientes de la región, además, ya se sabe cuáles son las que habitan en la zona. Por eso fue una sorpresa mayor cuando dijeron lo que habían encontrado.
Los hombres del pueblo solían reunirse en el viejo billar para descansar después del trabajo. Mi padre iba muy seguido, así que escuchó la primera vez que se habló de eso. Él opinaba que era una exageración de aquellos tipos. Mi padre siempre fue de esos hombres de "hasta no ver no creer".
Los días fueron pasando y con ellos las semanas. Ocasionalmente mi padre nos contaba que alguien más había visto huellas del paso de la Yumma, otros incluso aseguraban que vieron parte de la serpiente deslizándose para entrar alguna cueva. Si de por sí una víbora es de cuidado, ahora una gigantesca pues ya te imaginarás.
Una noche hubo un debate intenso sobre el mismo tema. unos estaban del lado de que los otros lo exageraban y los otros retaban a los unos a que les creyeran. Total, el acuerdo fue que al día siguiente irían en una expedición para encontrar los restos de la piel de la gigantesca serpiente.
A la mañana siguiente salieron seis hombres -de casi veinte que estaban reunidos la noche anterior- en búsqueda de los restos de piel seca, mi padre incluida.
El pueblo está en el centro de un valle rodeado de montañas, en la sierra, por lo que del pueblo a la Matanza se hacían unos cincuenta minutos en llano y luego comenzaba el monte. Al entrar a la Matanza, aquellos tres hombres que vieron a la Yumma metiéndose a la cueva guiaron a los otros hasta aquél sitio. Mi padre me contó que estaban cerca del Cerro del oso, una zona famosa por los avistamientos de esos animales. Queda entendido que era más adentro de la sierra.
Por cierto, dicen que el nombre de la Matanza tiene dos diferentes orígenes, dependiendo a quien le preguntes. Una versión decía que, en tiempos antiguos, allá por los 1700, hubo un grupo de viajeros en busca de tierras para asentarse y llegaron al pueblo de paso. Los lugareños les advirtieron que no se metieran para aquellos lugares ya que abundaban los lobos. Los viajeros contestaron que no habría problema ya que tenían machetes y algunas carabinas para defenderse. Se fueron al amanecer y no los volvieron a ver. Ocurrió lo esperado. Días después fueron al monte (pues aún no tenía nombre) y encontraron el campamento de los viajeros. Ropa regada por todos lados y restos de sangre en el suelo, troncos, piedra y maleza. Familias enteras, desde bebés hasta ancianos perecieron en aquella matanza.
La otra versión era que en las épocas en las que los nativos se peleaban contra los colonizadores, los naturales de la zona se escondieron en la sierrita. Los colonos los persiguieron y se armó la batalla. Hubo una matanza en la que como suele ser, no hubo ganadores; pero los indígenas perecieron a manos de las armas de fuego. Los arcos y flechas no tuvieron oportunidad contra los calibres 22.
Entre brechas y cerca de un arroyo encontraron un trozo de piel de unos 50 centímetros de ancho por un metro y medio de largo, y eso que no era el cuero completo sino el trozo de algo más grande.
Asustados por el tamaño de la muda, decidieron regresarse al pueblo con la prueba de la Yumma. Primero lo mostraron en el billar, todos estaban impresionados por el tamaño del cuero. Se lo quedó un cazador quien dejó que cualquiera lo viera -sin tocarla- gratis y luego cobró una módica cantidad de dinero, hasta que poco a poco dejó de tener relevancia.
Sin embargo, mi padre me contó que los del pueblo dejaron de estar tranquilos cuando iban a la Matanza. Parecían ajenos aquellos días en los que podías ir, con las precauciones usuales, al monte sin preocuparte por extraños animales. Porque si había una gran serpiente, que nadie sabía con exactitud cuánto media, ¿qué otros animales gigantes o peligrosos podía haber?
Poco a poco la gente dejó de ir. A pesar de que se necesitaba la leña y los otros materiales, preferían comprarlos en otros lados. Hasta que pronto llegó la desgracia.
Un día, cuando el sol estaba en el centro del cielo llegó Isaías, un primo de mi padre, que tenía problemas de lenguaje (a veces tartamudeaba, sobre todo cuando se ponía nervioso), que fue a juntar piñones junto con Isidro.
Se adentraron cerca del Cerro del león donde los árboles son altos y hasta que el monte se quedó en silencio. De pronto escucharon una respiración agitada, notaron una enorme serpiente de unos quince metros de largo y ancha como el tronco de un árbol de manzana. La serpiente era color marrón, como la de algunas víboras de cascabel y tenía picos en el lomo. La piel escamosa parecía gruesa y a pesar del tamaño, se movía muy rápido.
Isaías e Isidro salieron corriendo, Isaías se subió a un táscate grande, esperando que la serpiente no trepara. El animal fue tras Isidro quien corrió directo a una peña. Pronto se vio entre la serpiente y el vacío. Isaías, desde lo más alto que pudo trepar, vio como Isidro se lanzó. El animal se le quedó mirando, luego desapareció buscando a la presa. Isaías aprovechó para escapar.
Algunos le creyeron, otros no. Mi padre y dos de sus hermanos fueron a buscar a Isidro. También iba un amigo de Isaías. Fueron armados con machetes, hachas, incluso Raúl llevó su rifle de cacería.
Al llegar a la base de la peña encontraron el lugar donde Isidro había impactado en las rocas. Rastros de sangre -en partes seca y en otras más fresca- esparcidos en ramas, el suelo y algunas rocas movidas por el paso de la serpiente. Decidieron seguir el rastro. Lo más probable era que la serpiente lo engullera allí mismo y se retirara a un sitio a descansar. Una cueva con toda seguridad.
Decidieron seguir el rastro. Iban todos atentos a los alrededores. Avanzaron por la ribera de un arroyo seco que cada vez se hundía más en el terreno, es decir, a cada paso se hacía una especie de cañoncito. No les gustaba nada, con cada paso que daban quedaban atrapados. Quizá la serpiente ya había comido -con todo respeto para Isidro-, pero nadie aseguraba que hubiera más serpientes. ¿Y si eran varias de distintos tamaños? ¿Y si era la más pequeña de la familia? Estaban muy nerviosos.
Pronto descubrieron que el camino conducía a una cueva de donde salía un aroma fétido y asqueroso. Los reptiles tienen un aroma muy particular; sumado a ella, el aire salía impregnado de muerte añeja. Guardando el debido respeto por los finados, olía igual que cuando las vacas morían y se descomponían en el campo. En la entrada había dejos de sangre seca.
Como ninguno llevaba linternas o material para hacer antorchas (aparte nadie estaba tan loco como para meterse), decidieron tapar la entrada como pudieron. Mientras uno vigilaba los demás acarreaban rocas, maderas y cualquier cosa que sirviera. Después de un rato la entrada estuvo tapada y los hombres se regresaron al pueblo. Así sabrían si la serpiente escapaba o si esa cueva tendría otra salida.
Cuando llegaron al pueblo convocaron a una reunión en el salón de fruticultores. Apoyados por el presidente del pueblo y el comisariado ejidal los hombres idearon un plan para cazarla a la mañana siguiente. Ya no podrían permitir que los atemorizaran así. Habían dejado sus actividades por la serpiente esa y con el perdón de Dios -pues todas las criaturas son su creación- así tenían que ser las cosas.
A la mañana siguiente mi padre salió de la casa, en esos días yo estaba en el vientre de mi madre, tenía siete meses embarazada. Cuentan que ella se quedó preocupada junto con todas las señoras, algunas rezando y otras preparando medicinas y comida para cuando regresaran sus esposos. El grupo fue en dos trocas, incluso cargaron cadenas y cinchos de los que usaban para las pacas de avena o tazol, en caso de que pudieran regresar con el cuerpo de la serpiente. Si con eso se podía conseguir dinero pues...
Después de una hora de viaje llegaron a aquella cueva. Todo seguía en su sitio. Al parecer la serpiente no había salido, al menos no por allí. Formaron una media luna alrededor de la entrada. Alguien clavó una barra de hierro para tratar de ver al interior. Apenas traspasó la tierra y se escuchó un siseo muy fuerte. La gran serpiente estaba enojadísima. Algunas víboras se hinchan de aire y lo sacan haciendo ese ruido tétrico. Bufaba.
Lo que hicieron fue encender unas bombas molotov, las de gasolina y mechas de trapo en la boca de la botella. Bueno, hicieron un poco más ancho el agujero, lo suficiente para que cupieran los cocteles molotov. Procedieron de acuerdo al plan.
Tiraron tres bombas, se escuchó cómo la gasolina se expandió y ardió. Se veían resplandores desde dentro de la cueva, junto con los chillidos aterradores de la serpiente. La entrada de la cueva tembló, la serpiente se retorcía, luchaba por salir y apagarse. En menos de unos segundos la luz y sonidos se perdieron, internándose en la cueva. Mi padre y los otros tipos se miraron unos a otros sin saber qué hacer. Decidieron incendiar la cueva. Si la serpiente no se quemaba al menos se ahogaría con el humo.
Acarrearon leña seca y cualquier cosa que se pudiera quemar.

Una vez crearon el incendio, perforaron un par de agujeros más para que la cueva agarrara aire. Pasaron los minutos y con ellos las horas hasta que consideraron que eran suficiente y el humo fue extinguiéndose, decidieron abrir la cueva para cerciorarse que estuviera muerta. No podían dejar que los acechara, cualquiera podría ser el siguiente y sufrir el mismo destino del finado Isidro.
Quitaron piedra por piedra con lentitud, iluminando con las linternas el interior de la cueva, el humo aún cubría la entrada.
De pronto y sin previo aviso, la serpiente saltó del interior. No se enfocó en atacar a las personas, ella quería huir de allí. De todos, solo Isaías alcanzó a reaccionar y le dio un machetazo cerca de la cola. Las escamas ya quemadas, se cayeron con facilidad.
La serpiente se volteó, enojada y chillando de una forma horrible y aterradora. Atacó a quien tenía más cerca, cerrando sus fauces en el brazo izquierdo de Octavio. Unos trataron de liberarlo mientras otros los atacaban casi de forma teatral porque trataban de que no se le enredara en el cuerpo. La serpiente tenía picos que se clavaban en cualquiera que se acercaba. Mi padre trató de cortarle la cola -ya que estaba herida de allí- pero también tenía picos. Además, no sabían si era venenosa.
Después de unos segundos forcejeando, y viendo que no iban a poder con la fuerza del animal, Álvaro sacó su Mausser, la acercó y presionó en el cuerpo de la serpiente hasta que vació el cargador tan rápido que apenas alcanzaron a reaccionar. La Yumma, herida, liberó a Octavio y trató de atacar a los demás, pero estaba demasiado herida. Buscó huir, sin embargo, no se lo permitieron y entre machetazos, pedradas y golpes con la barra lograron matarla...
------------------------------------------------------------------------------------------------------- Estaba casi anocheciendo cuando la troca de Álvaro entró al pueblo. En vez de llegar a la plaza donde estaba pactado que llegaran, se dirigió al centro de salud. Algunos pobladores se dieron cuenta y fueron a ver qué pasaba. Les contaron lo ocurrido Álvaro llevó a Octavio a recibir atención médica mientras los otros se encargaron del animal. Mi madre preguntó por mi padre, él fue de los que se quedaron en la Matanza para cargar a la Yumma ese mismo día y llevarla al pueblo. Amenazaba la noche y no querían dejarla allí ni quedarse a la intemperie.
Regresaron al pueblo con la gran serpiente para exhibirla y demostrar que era real. Gran error. El chisme se esparció como el fuego en los pastizales de verano.
Primero llegaron algunos periodistas para escribir del animal que bautizaron La Yumma y todo por un malentendido (cuando le preguntaron a quienes la habían cazado cómo se llamaba nadie supo qué decirle, Isaías dijo que no sabían "solo la hay una", pero sonó como si dijera SOLO LA YUMMA -por su tartamudez- y el reportero lo transcribió tal cual. Nadie se fijó en el error hasta que llegó el periódico la semana siguiente, pero ya era muy tarde para reclamar o hacer cambios.) Y así empezaron a llamarle cuando contaban la historia.
Total, que el caso ganó cierta notoriedad hasta que llegaron las autoridades para reclamar el espécimen alegando seguridad e investigación de especies nuevas. Cuando el gobierno decide que quiere algo se lo queda... Recogieron el cadáver en descomposición, así como toda la evidencia que pudieron encontrar (fotos, pedazos de piel, huesos y demás).
De aquella experiencia solo quedó la historia que se fue diluyendo con el paso de los años. Ahora que acompaño a mi padre a la Matanza a traer leña, piedras o piñones, veo por el rabillo del ojo y me pongo a pensar en que quizá haya otras serpientes gigantes u otras criaturas que no conocemos.
Ha habido veces en las que me he quedado solo en la sierra, rodeado de árboles, entre cañadas y arroyos, entonces escucho bufidos y algo que se arrastra a lo lejos. Quizá sea mi imaginación.
Han pasado muchos años de aquello, pero aun se escuchan rumores de otras personas de otros pueblos que encuentran enormes mudas de piel de serpiente. Gente que dice tener huesos de una serpiente gigante, incluso picos que mi padre dice que la Yumma tenía en el lomo. ¿Cómo es que personas de distintos lugares dicen haber visto lo mismo incluso con varios años de diferencia y lo describen casi igual?
Cada cierto tiempo se encuentran cuerpos de vacas con los huesos quebrados como si algo los hubiera apretado con una fuerza impresionante. En otras ocasiones se pierde la gente (aunque eso se puede deber a muchas razones) en la sierra.
A veces, cuando estoy solo en mi casa mirando el fuego de la estufa de leña me pongo a pensar ¿cuántas Yummas habrá escondidas en la sierra? Y, sobre todo, ¿será posible capturar una con vida? Quizá algún día se organice la expedición para atrapar a la Yumma...
-J. A. Valenzuela
¡Gracias por leer! si el relato de gustó te agradecería que lo compartieras en tus redes o copia el link desde el símbolo de compartir. Eso me ayuda mucho para seguir subiendo contenido.
Wow
ResponderBorrarMuchas gracias, el miércoles 28 se publica la segunda parte :D
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