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Yumma (parte 2 de 3)
Como ninguno llevaba linternas o material para hacer antorchas (aparte nadie estaba tan loco como para meterse), decidieron tapar la entrada como pudieron. Mientras uno vigilaba los demás acarreaban rocas, maderas y cualquier cosa que sirviera. Después de un rato la entrada estuvo tapada y los hombres se regresaron al pueblo. Así sabrían si la serpiente escapaba o si esa cueva tendría otra salida.
Cuando llegaron al pueblo convocaron a una
reunión en el salón de fruticultores. Apoyados por el presidente del pueblo y
el comisariado ejidal los hombres idearon un plan para cazarla a la mañana
siguiente. Ya no podrían permitir que los atemorizaran así. Habían dejado sus
actividades por la serpiente esa y con el perdón de Dios -pues todas las
criaturas son su creación- así tenían que ser las cosas.
A la mañana siguiente mi padre salió de la
casa, en esos días yo estaba en el vientre de mi madre, tenía siete meses
embarazada. Cuentan que ella se quedó preocupada junto con todas las señoras,
algunas rezando y otras preparando medicinas y comida para cuando regresaran
sus esposos. El grupo fue en dos trocas, incluso cargaron cadenas y cinchos de
los que usaban para las pacas de avena o tazol, en caso de que pudieran
regresar con el cuerpo de la serpiente. Si con eso se podía conseguir dinero
pues...
Después de una hora de viaje llegaron a
aquella cueva. Todo seguía en su sitio. Al parecer la serpiente no había
salido, al menos no por allí. Formaron una media luna alrededor de la entrada.
Alguien clavó una barra de hierro para tratar de ver al interior. Apenas
traspasó la tierra y se escuchó un siseo muy fuerte. La gran serpiente estaba
enojadísima. Algunas víboras se hinchan de aire y lo sacan haciendo ese ruido
tétrico. Bufaba.
Lo que hicieron fue encender unas bombas
molotov, las de gasolina y mechas de trapo en la boca de la botella. Bueno,
hicieron un poco más ancho el agujero, lo suficiente para que cupieran los
cocteles molotov. Procedieron de acuerdo al plan.
Tiraron tres bombas, se escuchó cómo la
gasolina se expandió y ardió. Se veían resplandores desde dentro de la cueva,
junto con los chillidos aterradores de la serpiente. La entrada de la cueva
tembló, la serpiente se retorcía, luchaba por salir y apagarse. En menos de
unos segundos la luz y sonidos se perdieron, internándose en la cueva. Mi padre
y los otros tipos se miraron unos a otros sin saber qué hacer. Decidieron
incendiar la cueva. Si la serpiente no se quemaba al menos se ahogaría con el
humo.
Acarrearon leña seca y cualquier cosa que se
pudiera quemar.
Una vez crearon el incendio, perforaron un par
de agujeros más para que la cueva agarrara aire. Pasaron los minutos y con
ellos las horas hasta que consideraron que eran suficiente y el humo fue
extinguiéndose, decidieron abrir la cueva para cerciorarse que estuviera
muerta. No podían dejar que los acechara, cualquiera podría ser el siguiente y
sufrir el mismo destino del finado Isidro.
Quitaron piedra por piedra con lentitud,
iluminando con las linternas el interior de la cueva, el humo aún cubría la
entrada.
De pronto y sin previo aviso, la serpiente
saltó del interior. No se enfocó en atacar a las personas, ella quería huir de
allí. De todos, solo Isaías alcanzó a reaccionar y le dio un machetazo cerca de
la cola. Las escamas ya quemadas, se cayeron con facilidad.
La serpiente se volteó, enojada y chillando de
una forma horrible y aterradora. Atacó a quien tenía más cerca, cerrando sus
fauces en el brazo izquierdo de Octavio. Unos trataron de liberarlo mientras
otros los atacaban casi de forma teatral porque trataban de que no se le
enredara en el cuerpo. La serpiente tenía picos que se clavaban en cualquiera
que se acercaba. Mi padre trató de cortarle la cola -ya que estaba herida de
allí- pero también tenía picos. Además, no sabían si era venenosa.
Después de unos segundos forcejeando, y viendo
que no iban a poder con la fuerza del animal, Álvaro sacó su Mausser, la acercó
y presionó en el cuerpo de la serpiente hasta que vació el cargador tan rápido
que apenas alcanzaron a reaccionar. La Yumma, herida, liberó a Octavio y trató
de atacar a los demás, pero estaba demasiado herida. Buscó huir, sin embargo,
no se lo permitieron y entre machetazos, pedradas y golpes con la barra
lograron matarla...
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Comentarios



🫨 Q miedo
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