El hombre polilla

 

TODO LO ESCRITO A CONTINUACIÓN ES FICCIÓN BASADA EN LOS AVISTAMIENTOS DE "EL HOMBRE POLILLA". Cualquier parecido con la realidad, o personas -vivas o muertas- es pura coincidencia. El propósito de este relato es solamente narrativo y creativo, y NO pretende otro fin más que el de entretener. Algunas escenas pueden contener elementos que resulten inquietantes o emotivamente intensos para ciertos lectores, se recomienda discreción.

 

        Avistamientos

       En lo ancho y largo del mundo hay innumerables misterios que generan curiosidad e interés. Incluso, a pesar de no saber la mayoría de las anormalidades y rarezas que existen nuestro planeta, la imaginación es increíblemente activa.

    Siempre que familia y amigos se reúnen alrededor de una fogata salen las historias que a todos nos gustan: chismes presentes del pueblo, chismes pasados de la familia y, después de un tiempo, llegan las historias más jugosas, esas que hablan sobre fantasmas, entierros, brujería y seres sobrenaturales...

    Cuando estaba en primero de secundaria escuché -en una de esas innumerables y maravillosas noches de fogata- una historia que al principio se me hizo muy fantasiosa, algo que me pareció inventado allí mismo. No era para menos, cuando se escucha por primera vez algo tan extraño siempre piensa que es irreal, producto de la imaginación de alguien aburrido y con necesidad de atención (guiño, guiño).

    Decía así:

 Una noche, Benja conducía su camioneta por la carretera de doble carril. No había nada más salvo oscuridad, un cielo despejado típico de abril y la carretera de doble carril vacía. El señor, de unos cuarenta años, había bebido un poco -eso fue el primer dato que me hizo torcer el gesto en una mueca de incredulidad y desaprobación- por lo cual ponía más atención al camino de lo normal. Parecía ser un recorrido usual hasta que la radio produjo un sonido chirriante y metálico. Curioso, pues la zona es un valle y no hay colinas, torres o centrales eléctricas que produjeran tal efecto. Luego el dial comenzó a moverse y saltar entre estaciones hasta que se quedó transmitiendo estática.

   Benja miró la radio, contrariado. Las rarezas no terminaron allí, al contrario, apenas comenzaban.

    Inmediatamente después de apagar la radio escuchó -por sobre el sonido de las llantas recorriendo el asfalto y el ruido del motor acelerado-, una especie de aleteo proveniente de algún lugar sobre el techo de la camioneta. Arqueó la ceja, redujo la velocidad pensando que quizá le faltaba aire a una llanta o que alguna pieza estaba floja. Su sorpresa fue mayúscula cuando percibió el contorno de un ala que sobresalía por encima de la ventana del lado del conductor, justo encima de él. A pesar de que fue un rápido vistazo, le pareció el ala de un murciélago, peluda, membranosa y puntiaguda.

    Aceleró, pensando en que a lo mejor un murciélago había bajado del monte o algo por el estilo. No era muy común, pero no se le ocurrió nada más. Si hubiera sido un ala normal, que tuviera plumas o algo así hubiera pensado que pudiera ser una lechuza en busca de comida.

    Esa cosa, más grande que una persona normal, lo persiguió durante todo el recorrido. El tipo dijo que aceleró lo más que pudo. Maniobrar era difícil, la camioneta vibraba por el esfuerzo, cualquier movimiento del volante, incluso el más mínimo tenía consecuencias mayores. La cosa esa volaba sobre la camioneta, se iba de un lado para otro tratando de sacarlo de la carretera. Allí notó que el ser volador tenía un par de siniestros ojos rojos brillantes y garras en vez de manos.

    Al llegar a la entrada de Guerrero, justo en la bajada, en donde ahora está el monumento de la manzana, la criatura se dio por vencido y lo dejó en paz, tomó rumbo desconocido para el lado de unas huertas...

    Cuando llegó a su casa le contó la historia a su esposa, pero como estaba molesta porque andaba tomando a altas horas de la madrugada así que no le importó ni le puso atención, así que la historia pasó de labios y se convirtió en un chisme de pueblo, pero nadie le creyó.

    Sin embargo, Benja nunca cambió la versión ni añadió ni quitó detalles. Ser el primero en contar algo significa que todos van a pensar que eres mentiroso, el tiempo te dará la razón o seguirás del lado de las calumnias... Todo depende de quien cuente la historia.

   Meses después de aquella noche en la que me enteré de la existencia de aquél misterioso ser, salió una nueva plática con otro protagonista. Era una de esas tardes en las que mis hermanas y yo jugábamos a las cartas mientras esperábamos que la cena estuviera lista, mi hermana mayor comenzó a contar de un muchacho que iba a la escuela con ella, se llamaba Jano, era de los pocos que tenían camioneta -una Jeep Liberty- y cada fin de semana él y sus amigos se iban al baile hasta Cuauhtémoc, ciudad que quedaba a unos cuarenta minutos por carretera. 

    Iban, bailaban, se ponían de novios con algunas chicas y cuando terminaban los bailes, a eso de la una de la madrugada, regresaban. Jano dejaba a cada uno de sus amigos en alguno de los pueblos que están sobre la carretera de Cuauhtémoc a Guerrero. Eventualmente se quedaba solo pues el último de sus amigos vivía en La Junta, así que el encuentro sucedió en aquel tramo, el mismo del tipo anterior. 

    Sus pensamientos sobre la chica con la que bailó casi toda la noche se interrumpieron cuando observó al hombre polilla, con sus profundos y vivaces ojos rojos y esas alas enormes que soportaban todo ese peso y terminaban en dedos largos y puntiagudos. Esa cosa rayó la camioneta de Jan, justo del lado del conductor, desde la llanta delantera hasta la trasera. La calavera izquierda saltó en pedazos y quedó sobre la carretera. La camioneta quedó con varios arañazos que luego dirían fueron producto de ramas secas de los árboles de manzana con los que trabajaba. Pudo agregar un par de datos a la descripción ya conocida: el hombre polilla no tenía una boca de hombre, más bien parecía una oquedad con grandes colmillos. Cabeza unida al tronco sin una especie de cuello visible. Altura de dos metros o más y quizá una especie de trompa al mero estilo de las moscas. Tal vez era retráctil.



    La cosa quedó allí. De vez en cuando salían algunos rumores de personas que decían que se elevaba entre las huertas de manzana o los refrigeradores del empaque. O a veces en los cerros cercas, pero casi siempre se escondía en ese tipo de zonas. Debo confesar que, a pesar de pensar -y creer- que todo aquello no era más que pláticas de tipos que querían ser interesantes en pláticas sin sentido. Aun así, tenía cierta precaución -que casi llegaba al miedo- cada que, estando solo, volteaba al cielo en el crepúsculo, o cuando mi trabajo de estibador en un empaque de manzana me obligaba a salir tarde hasta que se cargara el camión por completo. Así que terminábamos eso de las nueve o diez de la noche me tocaba irme a casa, el camino era entre la autopista nueva y la carretera vieja, estaba franqueado por huertas de manzana. Nada como un camino solitario, siluetas de árboles contrastando el horizonte y los sonidos de las lechuzas para dejar volar la imaginación. 


    Intentos de explicaciones

    Pensando en una y mil cosas, de pronto venían a mi memoria aquellos relatos del hombre polilla. Mi piel se erizaba al igual que los cabellos de mi nuca. No me quedaba otro remedio más que apurar el paso. Una mente con miedo es demasiado poderosa.

    Lo primero que se pensó era que una especie de lechuza gigante o supercrecida. También se teorizó sobre enormes murciélagos que iban de paso en una migración o algo así.

    En aquellos días de mi juventud no existían los drones, o quizá solo militares, pero a la mayoría de nosotros ni nos pasaba por la mente que algo así pudiera existir, así que no había nada que pudiera explicar aquellos avistamientos, salvo, claro, que mintieran. ¿Pero, por qué hacerlo?

    Luego, más o menos un año después del último avistamiento un tipo de un pueblo entre Cuauhtémoc y La Junta comenzó a volar con un ultraligero. Una aeronave liviana en la que solo cabía una persona, parecía una avalancha con un motor en la parte trasera que activaba una hélice en forma de abanico industrial y en vez de las alas convencionales de las Cessna, había un ala enorme y triangular.


    El tipo se divertía de lo lindo. Algunos decían que era la explicación más creíble, pero no les convenía a muchos, para empezar, el tipo del ultraligero solo volaba de día. Luego, el aerotransporte hacía demasiado ruido, el típico sonido de un motor funcionando, ruido constante y metálico, contrario al batir de alas que se decía se escuchaba con el hombre polilla. También estaba la cuestión de la altura y la hora de vuelo. El ultraligero no bajaba más de cien metros, a excepción de cuando aterrizaba o despegaba, claro. Y los vuelos SIEMPRE eran de día, contrarios a los del críptido, que se daban de noche.
    Y, por si fuera poco, las fechas no concordaban, el dueño del ultraligero lo presumió en cuanto lo consiguió, varios años después de los primeros relatos.
    
    

    Orígenes
    Con el paso del tiempo, llegaron a mí un par de revistas que hablaban de temas paranormales, ovnis, historia ignorada y demás temas interesantísimos. Estas revistas se llamaban AÑO CERO y ENIGMAS, directas desde España. Me llamó la atención de que tenían una sección en la que hablaban de estos animales y seres extraños apoyados en una pesudociencia llamada Criptozoología. Allí mencionaban avistamientos de un ser igual, pero en Virginia, Estados Unidos. Allí vi la primera ilustración que poco dejaba a la imaginación.


    Según tales revistas, el primer avistamiento "oficial" del hombre polilla fue en un lugar de West Virginia llamado Point Pleasant en la década de los sesentas.



    Y rápidamente fue visto como un heraldo de catástrofes.
  Por ejemplo, dos días después de que apareció en otro pueblecito de Virginia hubo un incendio que cobró la vida de 12 personas y miles de dólares en pérdida. Luego, al día siguiente de su paso por los cielos del mismo estado un puente colapsó. El caso más impresionante fue la probable aparición del hombre polilla junto a las torres gemelas días antes de que fuera el atentado.



(La comercialización del hombre polilla/mothman es un recordatorio de lo elemental que se ha vuelto este ser en la cultura popular. Fotos reales.)


    En algunos casos el ser era color blanco, y en otros, como los de aquí en Chihuahua y Nuevo León o Coahuila, siempre se vio negro o gris oscuro. Como sea, meses después de que fuera visto en el país, comenzó la pandemia AH1N1. 
    En Inglaterra también hay registros de avistamientos del misterioso ser, pero allá lo relacionaron más como un hombre-búho debido al cuerpo velludo y los enormes ojos rojos.


    Mis investigaciones (si es que se le puede llamar investigación a una navegación por internet que duró una semana) señalaban algo más allá de que un simple ser se descubriera en una zona habitada. Entiendo que las variaciones de color se podían dar como en toda especie. Aunque ¿era una nueva especie? La evolución nos dice que el desarrollo de la vida se extiende a lo largo de miles de años, entonces ¿Cómo era posible que apareciera una especie nueva en una zona poblada? Sí, cada año se descubren nuevas especies de muchos animales, pero son casi siempre en selvas, desiertos, bosques profundos y ecosistemas olvidados por el cemento y electricidad.
    

        

    Teorías

    El misterioso ser -que algunos creían ser portador de desgracias y otros un animal desconocido- debió de salir de algún lado, más allá de donde parecía esconderse. Es decir, ninguna especie "solo" aparece sin un rastro evolutivo. 

    Encontré algunas teorías que iban desde una especie que mutó por químicos tóxicos -el primer avistamiento fue junto a un depósito de explosivos militares-, o por radioactividad -también hubo avistamientos en la zona de Chernóbil poco antes del accidente. Entonces ¿el hombre polilla es una especie desconocida que habita en cuevas y lugares inhóspitos o un ser mutado al mero estilo de Godzilla?

    O lo que más nos gusta, las teorías de conspiración. Esas que incluyen proyectos militares secretos, cruces genéticos o portales a otras dimensiones. ¿El hombre polilla fue descubierto o creado? No es un secreto que todo avance científico se aplica primero para la guerra. Y aunque quizá no sea un arma con gran poder de destrucción, serviría para dos cosas: terror psicológico al amedrentar la población e infundir el miedo, y para tener un chivo expiatorio perfecto. Imagínate que envíes a este ser para misiones, cumpla su objetivo y ¿a quién culparías? ¿a un ser que "no existe"?

    La conclusión, es más aterradora que las teorías en sí. Independientemente de lo que el hombre polilla sea, lo espeluznante es que ese ser volador de dos metros, con garras en vez de manos, y penetrantes ojos rojos acecha por los cielos. Lo tétrico es que nadie está a salvo. Ni siquiera tú. En cualquier momento, en la noche más tranquila y romántica, en cualquier celebración en la que las llamas laman la oscuridad y las pláticas llenen el alma, en los paseos solitarios o acompañados... Sin pensarlo, cuando esto se te haya olvidado y los problemas cotidianos abrumen tu mente, puedes escuchar ese aleteo que paralice tu asustado corazón. Quien sabe, quizá alguna vez lo último que veas sea ese par de ojos rojos, el preludio de tu muerte...

    O quizás no.


-J. A. Valenzuela


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